¿Qué es el trastorno de comunicación social (TCS)?

El trastorno de comunicación social (pragmático) es un diagnóstico reconocido en el DSM-5 y sus criterios incluyen alteraciones persistentes en la comunicación verbal y no verbal, que se reflejan en dificultades para usar el lenguaje con fines sociales, adaptar la comunicación al contexto y al interlocutor, seguir las normas de conversación y comprender información implícita, como bromas, metáforas o juegos de palabras, cuya interpretación depende del contexto.

Estas dificultades deben generar limitaciones en la comunicación efectiva, la interacción social, las relaciones interpersonales, el rendimiento académico o el desempeño laboral. El trastorno aparece en las primeras etapas del desarrollo, aunque puede no ser evidente hasta que las exigencias sociales superan las capacidades del individuo. Además, estos déficits no pueden explicarse por trastornos del aprendizaje o del neurodesarrollo y deben presentarse sin la presencia de intereses restringidos o comportamientos estereotipados.

La adolescencia es una etapa clave en el desarrollo de las relaciones interpersonales y, en el caso de los jóvenes con TCS, las exigencias sociales pueden superar sus habilidades comunicativas. Esto puede generar frustración ante el deseo de independencia y de establecer vínculos con sus pares, aumentando el riesgo de aislamiento y de desarrollar trastornos de ansiedad y afectivos, los cuales pueden llevarlos a buscar atención clínica en esta etapa. Estos desafíos también se observan en adolescentes con TEA de mayor capacidad.

Por ello, aunque el TCS está reconocido en el DSM-5 con criterios diagnósticos propios y diferenciado del TEA, las similitudes entre ambos pueden dificultar su diagnóstico diferencial.

¿En qué se diferencia con el síndrome de asperger u otros perfiles TEA?

Como mencionamos en el apartado anterior, el TCS se caracteriza por dificultades persistentes en el uso social de la comunicación verbal y no verbal, aunque ambos trastornos afectan comunicación social, la diferencia principal respecto a otros trastornos del espectro autista se encontraría en la ausencia de intereses restringidos y/o actividades estereotipadas.

Otras diferencias se podrían hallar en el tono del habla siendo más monótona o “formal” en perfiles TEA mientras que en el TCS se suele ajustar a la intención comunicativa. En TEA es característico mostrar resistencia a los cambios y fijación en ciertas rutinas, mientras que en el TCS, a pesar de las dificultades comunicativas, suele haber mayor flexibilidad cognitiva.

A pesar de que en la teoría encontremos estas diferencias, en la práctica no siempre es tan fácil, en estos casos, la evaluación neuropsicológica podría esclarecer estas distinciones al analizar de manera integral las funciones cognitivas, comunicativas y conductuales de la persona, permitiendo así un diagnóstico más preciso y la planificación de intervenciones adecuadas a sus necesidades individuales.


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