Los sesgos de género son ideas preconcebidas, estereotipos o diferencias en el trato que afectan la percepción, el comportamiento y la toma de decisiones según el género de una persona. La psicología, como muchas otras disciplinas, no está exenta de sesgos de género. Desde la investigación hasta el diagnóstico y el tratamiento, existen diferencias que afectan la manera en que mujeres, hombres y personas no binarias reciben atención psicológica. ¿Se tiene en cuenta la perspectiva de género en la psicología? Analizamos algunos de los principales desafíos.
Sesgo en las investigaciones psicológicas
Uno de los primeros problemas que encontramos es la falta de equidad en las muestras de investigación. Históricamente, muchos estudios en psicología se han realizado con muestras predominantemente masculinas, asumiendo que sus resultados son aplicables a toda la población. Esto ha llevado a un desconocimiento de las manifestaciones psicológicas en mujeres y otras identidades de género, dificultando el desarrollo de herramientas diagnósticas y tratamientos adecuados.
Por ejemplo, en estudios sobre el Trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), los participantes han sido mayoritariamente varones, lo que ha contribuido a que los síntomas en niñas pasen desapercibidos. Como resultado, muchas mujeres son diagnosticadas en la adultez, después de años de dificultades sin una explicación clara.
Diagnósticos con sesgo de género
Algunos trastornos son diagnosticados con más frecuencia en un género que en otro, no necesariamente porque haya una diferencia real, sino por cómo se han definido y estudiado los síntomas.
El Trastorno del espectro autista (TEA) es un claro ejemplo de cómo el género influye en el diagnóstico. Desde los inicios, las mujeres han estado infrarrepresentadas en las investigaciones relacionadas con este trastorno debido a las diferencias en sus manifestaciones y a las expectativas culturales en torno a ellas. Esto ha ocasionado que sus particularidades no sean atendidas. Así, se han ido desarrollando pruebas diagnósticas centradas en características propias del género masculino, produciendo un infradiagnóstico en mujeres.
Las mujeres que poseen estas características tienden a desarrollar estrategias de enmascaramiento social, lo que hace que sus particularidades pasen inadvertidas o sean atribuidas a otros trastornos, como ansiedad o depresión. Esto retrasa el diagnóstico y limita el acceso a intervenciones adecuadas.
Otro caso es el trastorno límite de la personalidad (TLP), que ha sido diagnosticado con mayor frecuencia en mujeres. Sin embargo, algunos estudios sugieren que este sesgo podría deberse a que los hombres con síntomas similares suelen recibir otros diagnósticos, como trastorno antisocial de la personalidad.
Tratamientos y sesgos de género
Los tratamientos psicológicos también pueden verse afectados por el sesgo de género. Tal y como hemos descrito, si en todo el proceso previo de investigación y diagnóstico nos encontramos con un sesgo, a la llegada de la intervención se extenderán estos errores.
Muchos tratamientos han sido diseñados con base en estudios realizados principalmente en hombres, sin considerar diferencias por ejemplo, en la experiencia emocional o en la adaptación al entorno de mujeres y otras identidades de género. Además, en el ámbito clínico, ciertos síntomas en algunas ocasiones pueden ser interpretados de manera diferente según el género del paciente.
En la línea de la investigación sobre el TEA, si las intervenciones se basan exclusivamente en las investigaciones, nos enfrentaremos a un problema, ya que las particularidades de las mujeres y de otras identidades de género, como un mejor desempeño en los dominios cognitivos, en cognición social e incluso en habilidades lingüísticas, quedarán excluidas.

Deja una respuesta